NORTE ARGENTINO

20 Oct

Yesica Chiodín

Fotografía tomada por Yesica Chiodín

Como dije en notas anteriores, nuestro país es grande por donde se lo mire. Y esta vez, decidimos rumbear para Tucumán. Esta provincia es chiquita, pero con grandes valores, colores, paisajes, comidas y muy buena música. El recorrido comenzó en San Miguel de Tucumán, donde no pudimos irnos sin conocer la histórica Casita de Tucumán.

Pero como la idea era conocer muchos lugares en el menor tiempo posible, sólo nos quedamos un par de horas en la ciudad. Luego, llegamos a Simoca, donde se realiza la Fiesta Nacional de la Feria y la Fiesta Nacional del Sulky. Algo que les recomiendo que prueben es la Achilata, es una especie de helado típico de la región.

Fotografía tomada por Yesica Chiodín

Al día siguiente, el recorrido continúo rumbo a los Valles Calchaquíes. La primera parada la hicimos en El Mollar. Un dato importantísimo: mientras en Simoca hacía 40ºC, en este lugar hacía 7ºC… ¡así que a llevar ropa de abrigo!
La ruta pasa por tres parajes que son dignos de mencionar por sus curiosas geoformas, como “El Indio”, “La Heladera”, y “El Fin del Mundo”. Como la idea era conocer, no sólo paisajes sino también comidas, allí nos esperaron con lechón y niño envuelto.
Nuestra segunda parada de los valles, fue en Tafí del Valle. Es el destino más explotado turísticamente. Se encuentra a una altura de 2.000 mts sobre el nivel de mar. Allí se puede hacer pesca y caminatas o cabalgatas, rafting, trekking y deportes acuáticos.

Fotografía tomada por Yesica Chiodín

Nuestra tercera y última parada fue en Amaicha del Valle. El contraste es espectacular en el punto llamado Abra del Infiernillo, allí se observan al oeste los semidesiertos y desiertos y al este los bosques, selvas cubiertas por abundantes nubes.
Anualmente, en febrero, se lleva a cabo el evento más importante de la comunidad originaria de la zona, La Fiesta Nacional de la Pachamama o “Madre Tierra”. La Festividad coincide con las fechas de carnaval, dura una semana y en ella se agradece a la Madre Tierra y se le pide fertilidad para los ganados y los cultivos.
El último día de los festejos se elije una mujer entre las ancianas del lugar que asume el papel de la Pachamama. Lujosamente vestida, es acompañada sobre un carro por la Ñusta, una joven doncella símbolo de la fertilidad, el Yastay, dios de los animales y de la caza y el Pujllay, espíritu alegre del carnaval, semejante a un fauno.

Fotografía tomada por Yesica Chiodín

La Pachamama ofrece vino de la nueva cosecha a los participantes y recibe el saludo de ellos y de las autoridades.
En cuanto a la infraestructura turística, se encuentra en incipiente desarrollo y aún no se encuentra lo suficientemente preparada para recibir gran cantidad de visitantes.
Sin lugar a dudas los paisajes son increíbles, las rutas son muy peligrosas por las curvas, el clima se hace respetar, las comidas son exquisitas, los lugareños son amables y serviciales, y nada se compara con recorrer estos destinos en un auto con folklore (la música del lugar) y acompañada con buenas amigas viajeras.

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